SEÑOR BERNINI.- Señor Presidente: tal como se ha dicho, la verdad es que esta es una sesión bastante rara, en primer lugar, por la forma en que terminó gestándose. Oportunamente, la oposición conformó la mayoría necesaria para convocar a la señora Ministra. Sin embargo, entre ayer y hoy se planteó la posibilidad de dejar sin efecto la sesión argumentando de que sería conveniente que la jerarca concurriera a la Comisión de Salud Pública a los efectos de buscar soluciones entre todos. Ese fue el discurso y no pedir la cabeza de la Directora. Luego, se propone que puedan hablar legisladores que no integran el Cuerpo. Sin dudas, es algo raro, parecido a que un diputado fuera al Senado y pidiera la palabra. Parece que olvidamos que la Comisión Permanente tiene el mismo rango constitucional que el Senado y la Cámara de Representantes. En definitiva, esto demuestra, de alguna manera, que la propia oposición, muy convencida de lo que cree, no tenía claro si los interlocutores que iban a actuar en la tarde de hoy eran los correctos o si, por el contrario, era preferible que hubiera otros.
No pretendo meterme en la interna de otros Partidos políticos, como tampoco aceptaría que lo hicieran en la nuestra, pero es evidente que estamos en una sesión rara. Agradezco a estos dos muchachos nuevos que están en el Parlamento que hayan hecho uso de la palabra antes que yo, porque desde hace varios días siento una particular emoción con respecto a este tema y no porque crea que la política pasa por lo que debe ser el rol lógico de la oposición, en el sentido de cobrar y marcar al Gobierno aquello que entiende que es necesario utilizando los mecanismos constitucionales, que para eso están. Podré tener mi opinión política respecto a la oportunidad o recurrencia de la utilización, pero no deja de ser una opinión política que, claramente, se distingue de los derechos que la oposición tiene. Y está muy bien que sea así; está perfecto. Sin embargo, creo que lo que ha afectado más mi ánimo no fue, precisamente, la situación que podíamos vivir aquí con el equipo del Ministerio de Salud Pública, al que conozco, sé la solidez que tiene y cómo está trabajando –lo que quedó demostrado en las intervenciones tanto de la señora Ministra como del doctor Aguilar, que dieron su explicación-, sino el hecho de que simultáneamente al llamado a Sala para que se brindaran explicaciones sobre un conflicto que se ha instalado en Maldonado –y que no se puede ocultar-, se agregara una supuesta irregularidad en una operación quirúrgica practicada a una ciudadana de nuestro país –con nombre y apellido-, vieja compañera frenteamplista del departamento del Maldonado. Esto sucedió el día 13 de febrero y desde entonces –aclaro que en Carnaval me quedé en Montevideo- no hubo día en que los informativos televisivos no dijeran el nombre de esta ciudadana. ¡Es como todo! Cuando se dice que alguien es cornudo, ese alguien debe salir a probar que no lo es y siempre es más difícil hacerlo, máxime cuando se mantiene por tanto tiempo en el colectivo de la ciudadanía un tema recurrente. En mi opinión, la intervención del equipo del Ministerio de Salud Pública fue clarísima, pero quiero destacar particularmente la del doctor Aguilar, quien respecto a este tema concreto demostró suma prolijidad brindando datos, fechas y situaciones. A veces es muy difícil no pasar el límite utilizando argumentos para demostrar que lo que se pretende ubicar como favoritismo político y como poder, en realidad tiene que ver con una ciudadana débil desde donde está ubicada. Entre otras cosas, ese poder político la ha llevado a que luego de toda una vida de militancia sea una jubilada que, como tantos de este país, gana menos de $ 6.000 mensuales. Fíjense, entonces, ¡qué poder político tiene esta compañera, cómo jugó para ella! A esta altura, se podría decir que tiene la vida resuelta. Pero no hay mal que por bien no venga, porque luego de conversar sobre esto con la compañera Alba Clavijo –que está en la Barra, porque era la primera que quería dar la cara, como lo hizo toda su vida-, sobre el sentimiento terrible que le produjo la ligereza con que se manejó el tema, me quedó sumamente claro lo que sintió cuando el pueblo de Maldonado, en su totalidad, le manifestó su solidaridad. Y no estoy hablando sólo de frenteamplistas, sino también de connotados dirigentes históricos del Partido Nacional y del Partido Colorado que la llamaron por teléfono o fueron a su casa para decirle que esto era una infamia. Yo la caracterizo como una mezquindad política y una canallada humana. ¡Una canallada humana! Creo en los códigos y los acepto, pero cuando se incurre, de la manera en que se lo hizo, en el manejo de nombres durante varios días, con un mensaje público que denota que ahí había algo raro, cuesta el triple –nos va a costar a todos los que estamos acá- explicar que este procedimiento es cristalino y transparente, tal como quedó demostrado en este recinto. Siempre es más difícil explicar que difamar. Y lo digo desde el lugar que me ha tocado en el Parlamento, como integrante de la Comisión Investigadora Especial sobre la Gestión de los Entes Autónomos desde el año 2000 al 2005. ¡Si habré tenido elementos como para salir a hablar a la ligera sobre gente que hoy está siendo analizada! Pero, desde mi punto de vista, eso sería una irresponsabilidad política. Y, ¡cuidado! Muchos van a tener responsabilidad, pero otros no. Entonces debemos ser responsables a la hora de manejar nombres y valorar situaciones, sobre todo teniendo en cuenta el daño que podemos hacer a las personas. Esto, en mi país y en mi fuerza política –particularmente, en lo que me es personal-, es un código político. Por lo tanto, no voy a hacer los mismo con otros, porque así no se es oposición. Disculpen la franqueza, pero he escuchado muchos disparates en este Parlamento, por lo que no me sorprendo cuando el señor legislador Pereyra dice que es tan contundente lo que se ha hablado sobre la situación de la ciudadana Alba Clavijo, que sería bueno rectificarse. Obviamente, no creo en Disneylandia; todo esto es fantasía, porque es muy difícil que en política uno se pueda disculpar en un recinto de esta naturaleza. Precisamente, esto nos sucedió hace algunos días cuando el señor Ministro Brovetto compareció con el fin de analizar las guías para el tratamiento de la historia reciente. En dicha ocasión el mismo señor legislador, en un momento en que estaba analizando la historia reciente de este país, dijo que el General Líber Seregni era un cobarde. No podíamos creer que a esta altura de los acontecimientos del país se caracterizara como cobarde al General Líber Seregni. Se podrá discrepar con él políticamente y se podrán decir muchas cosas, pero no creo que haya un solo ciudadano en el país que conciba que el General Seregni haya sido un cobarde. Sin embargo, cuando se pidió por favor que se rectificara y que se quitara de la versión taquigráfica, porque era una afrenta, no al Gobierno ni al Frente Amplio, sino a la ciudadanía en su conjunto, con la misma actitud, se pretendió diluir el tema. En definitiva, tenemos claro para dónde van los tiros, a dónde se está apuntando y a dónde se quiere llegar con estos temas. Honestamente, digo que la señora Ministra va a concurrir con su equipo las veces que sea a las Comisiones que la convoquen. Pero como en cualquier situación de conflicto de intereses –quiero creer que este es un problema de esa índole, un conflicto de varios gremios difíciles de poder articular-, como en todos los órdenes de la vida –y lo digo con propiedad, porque ¡si habré declarado personas no gratas a directores de empresas o patrones, pero a la hora de firmar un convenio, me ponía para la foto, porque defendía el colectivo y no la mía!-, dentro de la confrontación social lógica y natural, esencia misma de una sociedad como la nuestra, creo que el papel fundamental del Parlamento es tratar de contribuir para que esa conflictividad se pueda resolver adecuadamente. No conozco conflicto gremial en el mundo que encuentre la solución pidiendo la cabeza del director. Eso es generar más conflicto, es todo lo no recomendable para tratar de salir de él. Este es el a, b, c: nadie puede pedir la cabeza de la contraparte y menos la del lugar donde está. En definitiva, si realmente queremos contribuir a que las contradicciones generadas se resuelvan satisfactoriamente en beneficio de la comunidad –ese es nuestro rol, poner a la comunidad en primer lugar-, creo que lo mejor que puede hacer este Parlamento es tirar cuerdas, articular y gestionar, y lo digo con propiedad, porque me consta la vocación de diálogo que tiene el Gobierno en general y este Ministerio en particular. Francamente, me consta que están trabajando en pro de una articulación, pero si alguien pensaba que esto iba a ayudar a esa articulación o negociación, creo que fue todo lo contrario, lo único que se logró fue traer baldes con nafta y tirarlos más arriba. Por tanto, la conclusión a la que debemos arribar es que este no deja de ser un operativo político. Si lo que pretendemos, realmente, es llegar a una solución –y me estoy refiriendo exclusivamente al punto que me preocupa discutir porque el otro, el del ensucie gratuito y la exposición pública creo que ha quedado liquidado-, sólo espero que los medios de prensa den la misma dimensión a la contundencia de las explicaciones, que la que se trasmitió a la opinión pública nombrando setecientas veces a Alba Clavijo, tanto en Maldonado como a nivel nacional.
Entonces, para mí, ese tema ya está cerrado y espero tener la capacidad para que en mi país se sepa la verdad, la pura verdad, la legítima verdad. Sobre el otro tema, el juego político, vale; es más, no lo puedo negar y coincido. Ahora bien, voy a trabajar una solución en particular. También es parte de la reforma del Estado que se cumpla el horario. ¡Es algo tan elemental! Me sorprende y a esta altura no entiendo que se plantee lo que significa tener una carga horaria de tal hora a tal hora. Como bien decía el señor legislador Álvarez, esto demuestra toda una situación, porque parece hasta imposible que se labure y se cobre en función de ello, por lo que es necesario aproximarnos por lo menos a ese concepto. En consecuencia, voy a colaborar a los efectos de que se pueda salir de esta situación conflictiva. Lo que no voy a perder jamás es el rumbo. Este Gobierno no recibió un sistema hospitalario al estilo de lo que muestran las películas de los Estados Unidos y lo digo porque como la Directora actual está tratando de capacitarse, parecería que los de antes estaban todos capacitados en administración hospitalaria, que hicieron todos los cursos, que entraron por concurso y que la atención era magnífica. A propósito de esto, tengo casos concretos. Hace un momento, la compañera Alba Cocco me decía que en Salto, el Director anterior era un nefrólogo y lo había precedido un neurólogo y un cardiólogo. No creo que antes se haya pedido un Master en Administración Hospitalaria para dirigir un hospital. Las cosas por su nombre. Aquí hay un conflicto de intereses que hay que tratar de resolver; cuanto más acumulemos en la politización del mismo, obviamente, se va a enturbiar el tema y se va a trabar la posibilidad de la solución. Por lo tanto, para concluir quiero felicitar al equipo del Ministerio de Salud Pública y, en particular, al doctor Aguilar por lo que significó su clarísima exposición en el otro tema que ni siquiera quiero referir. Siempre vamos a estar dispuestos a aportar a la solución del problema, conciliando esos intereses encontrados -que sabemos que existen- con el único norte del beneficio del usuario, así como la preservación y dignificación del trabajo, que son las dos cosas que tenemos que defender.
SEÑOR BERNINI.- Señor Presidente: lo de los gritos responde a mi forma de ser; los que me conocen saben que soy bastante pasional y a veces logro menos con gritos que lo que logran los susurros después de la amplificación que tienen a través de los medios. Eso es lo que envidio; capaz que gritaría menos. Quiero aclarar que al principio del planteo sobre la supuesta irregularidad –que ha quedado demostrado que no es tal- en la situación de Alba Clavijo también se había cuestionado la posibilidad de que el carné de asistencia hubiera sido mal otorgado. Sí, así salió en la prensa. SEÑOR LORENZO.- Hay que leer, hay que escuchar. SEÑOR BERNINI.- ¡Así salió en la prensa, señor Presidente! Creo que luego, cuando se dieron cuenta de que la cosa no era tan así, tuvieron que empezar a recoger. Digo más: la demostración clara de que este sistema que se ha buscado es para atacar políticamente, es que en la misma situación –que le podía haber pasado a cualquiera-, si en lugar de llamarse Alba Clavijo se llamara Juana Fernández, ese tema no venía al Parlamento. Es porque se llama Alba Clavijo y no hay otra consideración posible. Insisto -y en todo caso pido al doctor Aguilar que pase por escrito el informe a que dio lectura- en que ha quedado claro cuáles fueron la circunstancias, qué antecedentes había. Obviamente, por una reserva profesional elemental, se manejaron iniciales de nombre y también fechas de operaciones similares. Objetivamente no estamos planteándonos lo imposible, pero sí tengo que marcar que se está haciendo pasar mal a una persona cuando se pretende atacar desde el punto de vista político a nuestra fuerza y al propio Gobierno, porque se ha tejido un manto de dudas en la población. Por lo tanto, es elemental que desde el punto de vista humano tengamos la capacidad de asumir nuestras equivocaciones. No es un imposible y no es éste el momento de hacerlo, pero digo que aquí ni siquiera es subjetiva la valoración. Por el contrario, es objetiva en función de la cronología de los hechos. Averigüé más: de los médicos actuantes no conozco ninguno que sea frenteamplista. No sé el doctor Wilson, pero tanto el doctor Vázquez como el doctor Rodríguez no son frenteamplistas. Bueno, aquí se trataba de una señora en silla de ruedas que hacía cuatro meses que andaba en la vuelta. No es mi intención especular con este tema, ni ubicar la realidad desde el punto de vista de la debilidad, pero si hay algo que tengo claro es que la compañera Alba Clavijo, a quien conozco en lo personal, tiene una polenta encima que no hay nada que la pueda doblegar. Ha pasado batallas mucho más duras que éstas y lo saben quienes son de Maldonado, y si bien hasta se han enfrentado en forma dura desde el punto de vista político, no conozco a nadie que le tenga bronca, porque si ha dado un ejemplo es predicando, justamente, con su vida y es una infamia que a esta altura le pase una cosa de éstas. Esto es tan elemental como eso. Muchas gracias.